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domingo, 9 de septiembre de 2012

Obsesiones

Una mujer se acerca sola, empujando un carrito de bebé. Se detiene a mi lado en el semáforo y me echa en cara que estoy molestando a su hijo con el humo de mi cigarrillo. “¿Es que no lo ves?”. La miro, miro el carrito y la vuelvo a mirar a ella. No, yo no veo nada, pero ella sí, y eso me hace apartarme con una disculpa. Cruzo en cuanto el semáforo se pone en verde, casi corro para alejarme de la mujer y su carrito sin bebé. Giro a la izquierda en el primer cruce y me paro en seco. Me vuelvo a mirar, pero ya no la veo. Cuando entro en la oficina y enciendo el ordenador, sé que la mujer me perseguirá hasta que la encierre en un cuento.

martes, 4 de octubre de 2011

No lo creerás, pero hoy
mis cabellos amanecieron erizados en serpientes venenosas
y no hay secador ni atizador que domine esta revuelta.
Hoy he vuelto a sonreír con la boca pequeña,
para esconder mis colmillos,
y ese brillo que tanto te gusta en mis ojos
no es más que la loba que acecha a su presa.
No lo creerás, pero te engaño conmigo misma,
y cuando no me miras,
dejo de ser esa mujer amable
con la que crees que vives.

martes, 31 de mayo de 2011

El horror es

mirarme en tus ojos
y no reconocerme,
buscarme más allá de tus pupilas
y no encontrar más que una figura de barro
con la mueca de una sonrisa desdibujada.

El horror es

diluirme en un mar de identidades,
desaparecer frente al espejo,
llamarme a gritos y no responderme.
Un nombre vacío,
un cuerpo de mil almas,
un espíritu sin cuerpo.

El horror es

saber que soy sin ser,
que habito sin vivir,
buscar sin hallar el latido en mi pecho.

El horror es

no saber quién se levanta de mi cama,
quién se cepilla mis dientes,
quién se calza mis zapatos.

El horror es esta vida.
El horror soy yo.