Querido Miguel:
Me marcho. No me esperes, porque no volveré. Así están las cosas: no puedo competir con un fantasma. Sé que Elia fue tu primer amor, desde el instituto, que fue tu primer beso, tu única novia, que no os separasteis ni un sólo día hasta aquella madrugada en el hospital, entre tubos y sangre reseca. Ella siempre será joven, siempre bella, siempre sonriendo...
Por eso me voy: no soporto verla en cada rincón de la casa, a todas horas y, sobre todo, no soporto que se empeñe en meterse en la cama con nosotros cada noche.
Te quiere,
Ana.